Portapapeles | Fuentes de inspiración
El diseñador Rodrigo Jávega encuentra letras que le gustan en las calles de Rosario, las dibuja y agrega las que faltan para completar cada alfabeto tipográfico
Desde que tengo recuerdos me interesan los carteles, las letras, los mensajes escritos en la calle. Me atraen como huella de algo previo, como restos visibles de una lógica que no siempre se revela del todo. Rótulos antiguos de negocios, inscripciones hechas en la arquitectura misma de los edificios, letras nacidas antes de la tipografía digital: producto de la mano, del pulso, del error. Materia viva. Y, en paralelo, desde siempre, me gusta dibujar. Y dibujar letras.
Este interés hizo que durante muchos años me dedicara a fotografiar textos y señales gráficas de la ciudad, quizás esperando el momento adecuado para iniciar este proyecto que ya existía en mi cabeza. La empresa tenía su dificultad, siempre pensé que el dibujo de tipografías era un territorio reservado a unos pocos, un oficio casi de relojería que requería mucho estudio, atención al detalle y disciplina. Sin embargo, a comienzos de 2025, algo se acomodó. Las pistas ya estaban ahí y el proyecto empezó a tomar forma.
A partir de una letra encontrada —una palabra, un fragmento— aparece casi de inmediato la necesidad de entender el sistema que la sostiene. Qué gestos se repiten, qué reglas la ordenan, qué decisiones se esconden detrás de una curva o un remate. Se trata de completar el abecedario creando las letras ausentes, buscando formas posibles a partir de los rastros iniciales.
En el proceso hay un juego interesante que se da entre obligación y libertad. Por un lado, honrar el diseño original, su carácter, su estilo. Por otro, asumir el trabajo de completar como un ejercicio de interpretación y rediseño, en el que también es legítimo aportar lo actual, lo propio, y en ocasiones hasta lo inapropiado.
Así nació Fuentes de inspiración. De reunir imágenes tomadas a lo largo del tiempo, salir a buscar nuevas y empezar a jugar con las formas. Más que una búsqueda historiográfica o de estilo, es una exploración tipográfica de la ciudad. Alfabetos incompletos que nos acompañaron toda la vida: letras vistas al pasar, nombres que fijan lugares y modelan el paisaje urbano de Rosario, huellas de una historia personal de la mirada que va trazando un mapa. Un intento por comprender lo que falta, intuir la lógica que sostiene lo que se ve y volver a dibujar letras.








La ciudad nos educa el ojo a fuerza de carteles. Esas letras "con pulso, error y materia viva" son, a la vez, memoria urbana y ADN de marca: el rótulo viejo no solo nombra, posiciona y permanece. Y el juego que describís (honrar el original vs. intervenirlo) es exactamente el dilema de la propiedad intelectual en versión tipográfica: inspiración sí, calcado no; homenaje sí, confusión no. Me encanta que lo plantees como sistema y no como nostalgia: completar un alfabeto es casi peritaje… pero por sobre todo, un acto creativo. Rosario como biblioteca de formas a cielo abierto: uno pasa, mira, y sin querer se lleva un poco de nuestra identidad en el bolsillo.
Hermoso proyecto, de intelgencia humana. Dan ganas de conocer todos los letreros que encienden tu curiosidad y de conocer la ciudad a través de ellos.
A mi me vuelven loca los grafitis, podes tenerlos en cuenta también para la parte II.
Abrazos!